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miércoles, 23 de octubre de 2019

shhhh

En el negro de tus pupilas
se halla mi remordimiento;
te he apuñalado tanto
que no sé perdonarme.

Se te olvidó avisarme
de que llegaba el tormento:
septiembre no me exime,
no voy a callarme ahora.

He salido mil veces del infierno
pero tú me atas de otra forma.

Me he despertado de un sueño,
estaba tocándome el sol y yo,
insensata,
me he descompuesto en agua
pensando que era tu fuego.
La he guardado en un tarrito
cuyo nombre es Silencio,
junto al Silencio que te guardo.

Como cuando nos recordaba
al ritmo de canciones de Juancho;

he vuelto a llorar escuchándolo.
Como con tus susurros suicidas
si me silbaban en la psique,
si me despistaba entre caricias,
si me besabas en la frente.

Jamás enterraré el ego pero
me mataré contigo si vuelves.

Perdóname incluso cuando
ya me hayas perdonado.
Calla, no me lo pidas ahora.

Si el tiempo es oro
valía diamantes contigo,
pero no tanto la pena.
Eres más bien un yoyó,
eres mi juguete preferido;
al final siempre regresas
cada vez que te olvido.

La voz de la conciencia
me está pidiendo tregua
y solamente logro decirle
"por favor no me agobies".
Su palabra es mi condena.
Intento quitarle yerro,
como los otros dicen,
pero se me sigue cayendo
el pelo por su deficiencia.
Y lágrimas de fé ausente.

No te calles ahora.

He buscado la respuesta
en medicina alternativa,
recayendo en el fracaso.
Quisiera ser más bien saliva
para diluirme en el ocaso,
para encontrar una salida
que no sea de emergencia,
pero de nuevo ahí acabo.

Me regalé tiempo,
me brindó perspectiva.
Ahora brillo
porque ya he tocado fondo.

Pero no te calles ahora.


domingo, 19 de mayo de 2019

saudades (tuas)

"Hacen falta unos brazos seguros como el viento,
Y como el mar un beso."
(Desdicha, Luis Cernuda)

Extraño la dulzura de tu olor a sal,
desde Ítica inspirando a Homero,
hasta el último rincón de Portugal.

Es la intimidad del sentimiento
que se traduce y manifiesta
en el eco de mi voz si te grito,
el frío que irradia tu calidez,
azul como el cielo si golpeas
tus olas contra el infeliz enemigo.

Tu falta es capaz de demoler
mi alma: por eso te llamo
"media naranja de mi zodíaco",
mi mente se mueve como tu marea
sube y baja; se cae y naufragia.

Quiero huir, en ti hundirme,
sola y sólo acompañada
de una carta que no firme;
dejando de lado la estacada
donde sin vida no acabo de morirme.

Esta saudade repiquetea
en mis pulmones, produciendo
un sonido similar al llanto.
Un dolor que me abofetea.
Todos te miran, yo me disuelvo
y despacio bailo contigo ese tango
que con tanta paciencia he anhelado,
que la madera me clava por dentro
marcando un ritmo suave
...
lento,
lento,
lento.

La muerte no es nadie en tu magnitud.

lunes, 25 de febrero de 2019

Me descompongo en mi mayor

"Love, I can't tell you how I feel."
Always somewhere // Scorpions

Ojalá pudiera despertarme y decir " nada de esto está pasando". Estás tarareando la canción que no puedo componerte.

Era martes y en un sueño
Alicia me dijo "un día de estos".
Nunca cuándo, sin embargo.

Y, joder, esperar me mata.

Siento que el reloj se desintegra,
como la canción de Extremoduro,
no sé la hora: se rompió la cadena.

Me crees ajada y vacía
por tener huecos de otro tipo;
puedo ansiarlos en silencio.
No niego estarlo, soy una arpía
y solo Falsedad me rodea.

Me abrieron en canal
y encontraron melomanía
en cada ápice de mi alma.

Música es la única que me calma,
me envuelve como melodía,
me sacia, satisface, seduce
y mis penas arranca, aunque
lloros vierta de forma simultánea.

Y tú tarareando la canción
que aún no he podido componerte.

Mi epíteto católico es igual
que el del apóstol Tomás;
de santa no tengo un pelo:
todos son de incrédula.

Devuélveme a Inocencia.

Dime con quién andas;
no sé quién eres.

No me entregues tus armas
ya me conozco al diablo,
ya sé que no viste de Prada,
y sabe demasiado por viejo,
y adora tanto a sus mujeres.

Jamás una tristeza escondida
acabó con su existencia.
Lo más molesto de que
me mires todo el rato,
es que no me veas.

Vuelve al principio 


domingo, 13 de enero de 2019

El jarrón roto que me queda

Su tristeza se perdió en la forma de mis lunares mientras yo perdía jugando a perderla.

Eran tantas sus preguntas y tan pocas mis respuestas que dejaron de ser; se convirtieron en dagas.

Su interés navegaba en mi silencio de forma tan tenaz que no pudo romperlo.

Lo estaba matando y nunca lento.

Mantengo la respiración como los secretos que no diría en voz alta ni aun estando un poco más loca.

No me merezco ni el oxígeno que estoy contaminando desde el álgido lugar en el que vivo.

La constante decepción me anima a no volver a intentarlo, por si esta vez me asfixio.

Si es verdad que somos 80% agua, el otro porcentaje que me resta debe de ser hastío. Suponiendo que me quede algo.

He escuchado hablar de la compatibilidad que no tengo ni conmigo misma. Soy una catedral gótica que se admira desde fuera: es peor que imprudente meter un pie dentro.

Prefiero mantener lo que me conviene bien lejitos, por eso se escabulló mi sombra de tus manos cuando creíste por fin sostenerla.

Me visto de blanco insatisfacción, pero lo pinto de rojo, porque soy una egoísta. Si no te pregunto qué demonios andan en tu cabeza, es por la pura reprocidad del acto.

Así que no preguntes:
vete.


miércoles, 9 de enero de 2019

Dolores era rubia

Un año más felicitándote,
explotará la burbuja si sales de esta.
No es la crisis de los veintiuno,
o la de los 14, no será la de los 30.

Te llamé "luz de mi vida".

Me ahogué en el vaso
que llenaron los despistados.
Me duele "pero está a mi lado"
Lo conocido es cómodo;
lo que llama, desconocido,
y si además sabe amargo
es por estar prohibido.

¿Cómo no voy a pensar en ti,
si ocupas toda mi mente?

Lo que hace más bien mata,
más bien se convierte en un cóctel
tóxico que pudre mis entrañas,
más bien abre más heridas
que más tarde no cicatrizan.
Pero la duda no ofende.

Mírame bien, ahora que puedes;
mírame bien, vas a perderme.
Mírame. Después échame de menos.

Me cansé de esperanza y fé
por la necesidad de un milagro
que me saque esto de dentro.

Cuéntame: ¿cuál es el sabor
que te ha dejado el arrepentimiento?
¿Para tu narcicismo cuánto valgo
en este preciso momento?

En la oscuridad fuiste la luz de mi vida.

Te encontraré si me reencarno,
igual hasta me lo merezca.
Me despido hasta nunca afirmando
que no habrá nadie después de ti,
o eso supongo, eso digo, eso imagino.

Claro que sí, cariño.
Sigue esperando.

No me llames más Lolita.

Pienso en los sonetos proféticos y en el refugio del arte. Esta es la inmortalidad que nunca compartiría contigo. La de la novela es mi princesa, yo solo la bestia, yo solo la escribo.


lunes, 7 de enero de 2019

imperturbable

Si no te concierne: sangre fría.

Me lo dijo a la cara:
"eres muy guapa, pero..."
dejé de escuchar.

Dios, por qué a mí.

Yo que era tan guapa, pero...
me cerró con las mismas.
Nunca supe si fue mi acierto,
nadie juega con barbies rotas.
Me amaba tanto que dolía,
tanto que jamás me convino.

Aborrezco mi existencia, luego existo.

Le dije "yo no valgo para esto.
Sayonara, mi amor, no lo dudo:
eres lo más bonito que he visto."

Es verdad que todo pasa factura,
yo no pedí que me escogiera
y sin quererlo fui su favorita.

Dios, ¿para qué existo?

No soy la única que sufre;
conmigo lo hace todo mi cuerpo.
Noto la tensión en cada músculo,
hasta en los párpados
y por más que los cierro no duermo.

No soy de sangre fría ni una momia. Soy hielo.

Volvió tras pasar cien noches despierta
preguntándome por qué se había ido,
solo yo podía curarlo sin besar
su herida, sin meter el dedo en la llaga,
y lo supo siempre, en el fondo.

Innegable fue una realidad
más allá de su crisma, si la hubo;
trabada en la mitad del camino,
en una lucha entre mi ego escuálido
y la terquedad que lo envolvía.

No fue capaz de entender mi hastío.

¿Duele más el habla o el hecho?
El ciego ve más que yo,
que intento coserme los ojos,
que me clavo las uñas para no verlo.

"Por qué a mí", mil veces me repito.

Hoy se ha dado cuenta
de cuánto le llenaba mi vacío
y ha llorado delante del resto.

Yo también he llorado,
y me he dado un abrazo
porque solo soledad me llena.



Aborrezco mi existencia, luego existo.

jueves, 27 de diciembre de 2018

Surrealista

Me has abierto tanto que
dejaría mi vida en tus manos

y
sin
miedo.

Te plantas en seco frente a mí
y mis pupilas te recorren entero,
como si estuviera ante La magie noir,
y en mis ojos empieza a llover
igual que en Golconda.

Entre tanto eclecticismo
la humanidad no ha declarado
patrimonio tu cuerpo.

Pero yo me lo permito:
no existe ningún movimiento
ni maravillas que a ti se asemejen.

Es tu prudencia cuando me desvisto
y me contemplas como un monumento,
consiguiendo que todos los defectos
que me veo, ya no me acomplejen.

Igual que un día noté los nervios
en tus miradas de soslayo,
contigo no puedo perderlos.

Para el mundo soy un faquir
pero delante de ti nunca finjo;
ni siquiera necesito escribir:
en tu temple nace mi alivio.

Ayer casi toco tu rostro,
al despertarme casi me tiro,
casi te veo, casi te rozo,
casi a mi lado, casi en tu ombligo.

Sabes a chocolate y vainilla
¿en qué idioma te lo digo?
Me siento una niña consentida
que vomita amor por los bolsillos.

Soplaré las velas celebrando
otro año que no he muerto
y los deseos serán las sobras:
lo tengo todo en tu abrigo.

Y como Laura sin Petrarca,
como Humbert sin Lolita...
vago en la nostalgia
de no tenerte conmigo.


martes, 5 de junio de 2018

Siete diferencias

He perdido siete aviones para despedirme de ti en el aeropuerto. He jugado con los barcos a tocado y hundido para acabar quemándome las manos porque nunca me diste la tuya con la solidez que necesitaba. 

Me he desintegrado con ácido las fibras capilares intentando quemar la parte de mi encéfalo en la que te anclaste. He vuelto a escuchar las canciones que me gustaban gracias a que, sin quererlo, me devolvieras tan rápido la vida, aunque de la misma y lenta forma me la hayas quitado.

También me he quedado con lo bueno de los malos tragos que te hice pasar por mi forma de ser, complicada, y reconozco que probablemente ese sea el motivo por el que la gota no colmó el vaso: tu paciencia.

He querido negarme la paz que me dabas por pura negligencia, y tantas veces me he repetido que me dañaba que terminó por hacerlo. La verdad es que hoy soy consciente de que era tan simple como el miedo abrumador a no poder devolvértela. El que me hizo ser precipitada e incoherente sin ni siquiera dejarme tiempo para darme cuenta de que mi locura favorita residía en tus labios.

La desidia me consumió de tal manera que sentí pánico por que te embarcara. Aún así, me he permitido el lujo de irme de rositas después de vaciar mi revólver en tu pecho. Incluso he tenido la cara de llorar porque nunca te molestaste en conocer las siete diferencias que escondía.

Después de leer todo lo que te escribí me he dado cuenta de que sigo siendo la misma ciega de siempre y, sin embargo, no me importaría pasar una semana más entre tus piernas. Aunque todavía no tenga ni puta idea de tu mundo.

He sentido que perdía el mayor trofeo el día que tuvieron que ayudarme a arrancarte de mí, porque precisamente el último vuelo fue el único que no perdí por ti. Pero hasta ese momento no decidiste que era una buena idea salir corriendo detrás para que no me marchara.


sábado, 17 de marzo de 2018

Diciembre y diciembre y diciembre y



He vuelto a cometer un asesinato
al despertarme de este sueño contigo.

Me preguntaron qué sería de mí el día que no me pertenezca cada milímetro de tu piel y mi respuesta fue un espacio.

Tus caricias entre mis piernas
me convierten malabar de tus antojos.
No puedo evitar recordar
tus dedos caminando sobre mi pecho,
mis uñas deshaciéndose en mi estómago
por echar de menos el calor de tu espalda,
y una imagen que no para de repetirse
y la asfixia autodestructiva que me cala.

No me jodas que otra vez es invierno.

La estación donde el tren
no efectuará parada,
en la que no escucharás
el sonido del golpe seco
que produce mi grinder
cada vez que me dices
"líate un porro"
y te cuento mis penas.

Diciembre me recuerda
que no pasará un día
sin que estés conmigo
llevándome fuera
de esta sucia celda.

No existe túnel ni camino,
no hay principio ni final,
no hay prisión ni destino;
solo tú eres delito y yo criminal.

Hablando sola me repito
los versos que quiero recitarte,
le pongo tu voz a un poema
que evoca tu risa de niño.

Pero que voy a seguir soñando...

Soy una isla desierta,
el mes de diciembre,
el frío llamando a tu puerta,
tu amuleto de la mala suerte.

Sí, estoy en defensa.

Cuando me levante
ya me habré protegido
del impacto y tú después
no podrás perdonarte.

¿Para qué vas a dispararme?
Estoy evitando que me a abraces:
puedes dar la batalla por perdida

o a mí por muerta.